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sábado, 15 de abril de 2017

FILOSOFÍA DE LA CIENCIA. COMENTARIO A UNA PUBLICACIÓN CIENTÍFICA



UNA TERAPIA CELULAR LOGRA QUE LESIONADOS MEDULARES RECUPEREN SU FUNCIÓN MOTORA.[1]

RESUMEN DE LA NOTICIA:
Hace nueve años un accidente de moto dejo parapléjico a Dégant. En su afán por recuperar su función motora, se ha sometido a una terapia celular pionera que le ha permitido mejorar su calidad de vida y avanzar hacia su objetivo final: poder caminar algún día. La investigación[2] consiste en implantar células madres mesenquimales —que pueden dar origen a diferentes tipos de tejido— del propio paciente en el lugar exacto de la lesión medular.
Dos años después de participar, junto con otros once lesionados medulares por traumatismo, en el ensayo que está realizando el Dr. Jesús Vaquero, y tras mucho trabajo de fisioterapia, ha recuperado una gran parte del control de su cuerpo paralizado.
La técnica ha sido publicada en la revista científica Cytotherapy[3]. El hospital de Majadahonda lleva dos décadas investigando la regeneración del sistema nervioso con el trasplante intramedular de células madres.

Para completar la información sobre la noticia, creo que es importante añadir algunos datos que se desprenden de la investigación publicada y que no aparecen en la reseña periodística. La investigación viene intitulada en la revista Cytotherapy como “Una aproximación a la terapia celular personalizada en paraplejia completa crónica: La fase de Puerta de Hierro I de ensayos clínicos / II[4]

En el trasplante de células en los pacientes que sufren lesiones de la médula espinal existe cierta confusión acerca de los resultados, debido a la disparidad de las técnicas utilizadas, la vía de administración  y los criterios para la selección de los pacientes. Por consiguiente será útil centrar el tema.
El método elegido para llevar a cabo la prueba se basó en dos ejes básicos:
1.     Se realizó un ensayo clínico que incluyó a 12 pacientes con paraplejia completa y crónica.
2.     Los resultados se evaluaron a los 3, 6, 9 y 12 meses después de la cirugía a través de estudios clínicos, urodinámicos, neurofisiológicos y de neuroimagen.
Se comprobó la teoría por medio de aplicaciones empíricas de las conclusiones que de ella pudieran derivarse[5]. Para evaluar el grado de corroboración alcanzado por la teoría en su exposición experimental relatada, desplegaron, entre otras, las siguientes técnicas:
1.     La plataforma Array-CGH, donde se recogen los efectos adversos.
2.     La Escala ASIA que especifica en aumento en el grado de sensibilidad.
3.     La Escala IANR-SCIFRS para evaluar la función de la médula espinal.
4.     FIM  mostró  los avances en el control de esfínteres.
5.     La escala EAV para controlar el nivel de dolor neuropático.
6.     La escala de Ashworth mostró las variaciones de la epasticidad.
7.     La escala Geffner informó sobre la función de la vejiga.
8.     La Escala NBD constató la evolución de las disfunciones intestinales.

A partir de los anteriores test, se obtuvieron los siguientes datos:
1.     El trasplante de células es un procedimiento seguro.
2.     El 100% de los pacientes experimentaron mejoría en la sensibilidad y el control de los esfínteres.
3.     La actividad motora infralesional, se obtuvo en más del 50% de los pacientes.
4.     La mejoría de la función sexual y la recuperación de la función motora  superó el 50 % de los pacientes.
5.     Disminuyen los espasmos y la espasticidad (tensión muscular inusual).
6.     La mejora clínica parece ser dependiente de la dosis, pero no es influenciado por la cronicidad de la lesión medular.
7.     En el caso de Dégant (caso concreto de la noticia), los resultados han sido prometedores, tal como reconoce el propio paciente: “Tengo esperanza, no sé cuándo, que pueda llegar a andar”.
Como conclusión de la prueba experimental se desprende que la terapia celular personalizada con células madre mesenquimales es seguro y conduce a ofrecer mejoras en aspectos clínicos y en la calidad de vida de los pacientes con paraplejia completa  y crónica.
El implante de células madre no funciona de un modo absoluto, su argumentación es sintética y en consecuencia contingente, es refutado en multitud de casos, pero en otros el éxito es evidente. Resultará determinante para los científicos analizar los casos que han falsado la teoría y proponer nuevas hipótesis para hacerla menos vulnerable. Quizá, en esta teoría, cabría contemplarse la tesis Duhem-Quine del holismo confirmacional, que afirma que "dada la suficiente imaginación, cualquier teoría puede ser salvada permanentemente de refutación por medio de algún ajuste adecuado en el contexto del conocimiento que la contiene"[6], este caso, y debido a la cantidad de experimentos, pruebas y herramientas utilizadas para la confirmación, bien podrían verse alterados los resultados por cualquier anomalía o error intrínseco del instrumental utilizado o por deficiencias interpretativas. En cualquier caso, la teoría no podrá ser confirmada como totalidad, sino que deberá serlo por confirmaciones parciales y particulares.
La lesión de médula espinal con frecuencia causa discapacidad permanente. En la búsqueda de una cura, los pacientes suelen someterse a tratamientos que carecen de rigor científico y metodológico. No se trata de pseudociencias puesto que no son procedimientos compatibles con todos los hechos[7], pero, en todo caso, ninguno de ellos ha sido sometido a pruebas rigurosas y expuesto a refutaciones.
La terapia celular es una promesa terapéutica sujeta a muchas incertidumbres y confusión debido, sobre todo, a la disparidad de protocolos, la selección de temas, el tipo celular tratado, las dosis y vías de administración utilizadas, etc.[8]
Teniendo en cuenta los estudios experimentales previos, el fin epistémico primordial[9] para este tratamiento se fijó en “conseguir la supervivencia más alta posible de las células madre mesenquimales una vez realizado el trasplante”. Como se puede observar, no se trata de conseguir una fiabilidad absoluta, sino una alta probabilidad de supervivencia de las células madre.
Para alcanzar “la supervivencia más alta posible” requieren especial atención ciertos detalles técnicos, como la morfología de la lesión, disponer de un medio de suspensión celular adecuada, el calibre de la aguja de inyección, la velocidad de administración celular, la consecución de una alta concentración de células en el volumen más pequeño posible, a fin de no producir daños adicionales a la médula espinal, etc. Todos estos requisitos se derivan de una exhaustiva metodología científica y la comprobación experimental de cientos de hipótesis al respecto. Por eso, cualquier procedimiento que se aleje de estos cánones no podrá considerarse ciencia, ni siquiera inicialmente.
En este trabajo de investigación se pueden destacar dos vertientes que deben evaluarse de diferente manera. En primer lugar tenemos los datos tomados mediante técnicas médico-científicas, que ofrecen resultados objetivos y con un nivel de verosimilitud muy alto. Pero, por otra parte, la evolución motriz de cada uno de los pacientes —la posibilidad de volver a andar parece ser el atractivo, o gancho, de la noticia—  no depende solo de datos objetivos, sino que hay que añadir la capacidad, intensidad, dedicación, aptitud, actitud y un cúmulo más de características personales de los pacientes que pueden resultar difícilmente evaluables, siquiera con métodos estadísticos; lo que proporciona la teoría es regenerar una conexión  y esta se evidencia con las pruebas objetivas; pero recuperar la motricidad de las extremidades requiere además un plus de aportación humana difícil de cuantificar si no se hace subjetivamente.
Veamos ahora otro ejemplo. Una noticia aparecida en el diario ABC a principios de noviembre[10],  titulada “Logran que un mono camine después de una lesión medular” afirmaba que una interfaz cerebro-médula espinal salva la lesión y transmite las órdenes del movimiento. Continúa el artículo aludiendo a que el dispositivo logra salvar la lesión transmitiendo el patrón de movimiento de forma inalámbrica desde el cerebro hasta la zona de médula situada por debajo de la lesión, restaurando la comunicación y haciendo posible la recuperación. Aparentemente podría parecer que ambos ejemplos son casi idénticos, pero nos habríamos dejado engañar por el titular de la noticia comentada. Ya nos hemos referido a que el fin epistémico del estudio del Hospital de Majadahonda no era otro que “conseguir la supervivencia más alta posible de las células madre mesenquimales una vez realizado el trasplante”, el resto vendría por añadidura. En el caso publicado por la revista Nature, el fin epistémico cambia, su única expectativa es la de recobrar la función motriz[11]. Lógicamente esto hace pensar que, aun suponiendo su funcionamiento perfecto, el enfermo podría caminar pero el resto de efectos somáticos que produce la ruptura comunicacional entre las células de la médula espinal — mejora de la sensibilidad y de la espasticidad, control de los esfínteres, mejoras en la actividad sexual y en la actividad motora— no podrían ser soslayados con este procedimiento. En cualquier caso, sus expectativas de corroboración se limitan a un solo hecho: que el individuo pueda volver a caminar. Teniendo en cuenta que se trata de una técnica biomecánica, cabe pensar que la aportación subjetiva del individuo sea mucho menor. En cualquier caso en una heurística que podría parecernos similar, las metodologías se diferencian completamente.

LA COMUNICACIÓN
Hasta ahora, se ha analizado la noticia científica aparecida en La Vanguardia y se ha comparado con otra aparecida en el diario ABC a efectos de apuntar las diferencias que pueden existir detrás de estudios científicos aparentemente similares. Estas apariencias son debidas, en gran parte, al modo periodístico de transmitir la noticia. Resulta evidente que el científico, en su faceta divulgadora, ha menguado mucho sus posibilidades debido principalmente a la carga de trabajo que le producen sus actividades científicas como estar al día en cuanto aparece sobre su disciplina, plantear nuevas hipótesis, realizar experimentos, escribir artículos científicos, acudir a congresos, interaccionar con estudiantes y otros investigadores; plantear, defender y administrar la financiación recibida para sus proyectos; dar clase a sus estudiantes, etc. Todo esto nos debe llevar a plantear si le queda al científico tiempo real para la comunicación,[12] o esta debe quedar en manos de los informadores, periodistas más o menos especializados.
La realidad de la financiación científica hace que la divulgación no sea un mero almanaque de curiosidades, sino que debe mantener informada a una sociedad, que con sus impuestos financia la inmensa mayoría de proyectos científicos, de los resultados significativos obtenidos en cada comento. Pero para que el contribuyente aprecie la información científica, esta requiere de un formato y presentación que la hagan tentadora y apetecible, pero en cualquier caso veraz. Como muestra de lo que no espera el ciudadano es una información, que sin más explicación resultaba inteligible a consecuencia de un titular desafortunado, que publicó el ecólogo Frederic Bartumeus en la que él y sus colegas se habían dedicado a “crear un modelo matemático capaz de simular el movimiento de un gusano cuando éste busca alimento ‘a ciegas’ en una placa de Petri”[13]. Resulta evidente que si un ciudadano cualquiera leyera este logro pondría seriamente en duda la eficacia del uso de sus impuestos. Pero claro, a partir de este trabajo se infieren muchas aplicaciones que al lector le interesarían mucho más, por ejemplo que esa técnica se puede aplicar a la búsqueda de alpinistas accidentados en alta montaña, en la programación de robots de limpieza o en la búsqueda de información por internet. Aquí nos encontramos con el título de nuestra noticia científica, la cual anuncia la recuperación de la función motora en los seres humanos, que despierta el interés, pero no aparece en ningún momento que la aplicación de la técnica produce “una disminución de los espasmos y la espasticidad”, palabras que alejarían inmediatamente al lector y, aun pensando en que deben ser cosas muy importantes, el interés por la noticia desaparecería casi por completo[14].
            En consecuencia, informadores y comunicadores científicos tienen, de entrada, dos cometidos: divulgar el conocimiento generado en nuestros centros de investigación y tratar de evitar la pregunta ¿esto lo he pagado yo con mis impuestos?[15] Y eso solo se consigue haciendo que “la sociedad se enamore de la investigación. Que se enamore el ciudadano y también el político”[16].
            La divulgación científica es el conjunto de actividades que interpretan el conocimiento científico para hacerlo accesible a la sociedad.[17] Por lo que los científicos deberían disponer del tiempo y la capacidad necesaria para transmitir sus resultados con la máxima repercusión, resultando atrayentes para el gran público. Pero comunicar con el gran público implica traducir los resultados de investigación a un mensaje asequible y atractivo.[18] Por lo que se debería establecer una relación fluida entre los científicos y la sociedad, y quizá el nexo que puede conseguir la interface adecuada sean los medios de comunicación. Por eso, la interconexión entre científico y comunicador debe ser muy estrecha, siendo aconsejable una formación científica básica para el comunicador y una formación divulgativa básica para el científico. Es muy importante mantener a la sociedad informada de sus inversiones en investigación, y debe hacerse de forma rigurosa, tanto como atractiva e interesante.
            Pero la divulgación científica también va más allá de la noticia o mero titular, se trata de la divulgación de la ciencia como tal, de sus logros y de sus avances como cuerpo único. Precisamente, en este sentido, ha existido una gran evolución gracias, indirectamente, a la relevancia de algunas apreciaciones de Bachelard[19].  Al principio nos puede parecer un contrasentido, pero luego veremos las consecuencias que han tenido sus  tesis.  Para Bachelard existe una discontinuidad epistemológica entre el sentido común, es decir, la imagen ordinaria del mundo, y la ciencia, lo que le lleva a afirmar la falsedad de cualquier divulgación científica. Para él, tanto el mundo ordinario como el mundo de la ciencia, no tienen nada que ver, pues son mundos distintos. Por una parte, la ciencia no explica el mundo ordinario puesto que no tiene relación alguna con la experiencia común ni se basa en lo inmediato. Esta idea se opone, por supuesto, al ideario del Positivismo Lógico, ya que para estos la ciencia precisamente explica el mundo ordinario, aún que sea de una forma sofisticada o alambicada, pero incluso siendo así, nos permitiría eliminar los conceptos teóricos y sustituirlos por sus definiciones mediante reglas de correspondencia, es decir, definiciones empíricas o puramente observacionales. ¿Debería retraer a los científicos o a los propios informadores esta apreciación de Bachelard? Por supuesto que no. Al contrario, como veremos a continuación, sus ideas al respecto favorecieron el progreso de la divulgación científica. Bachelard fue el primer autor que tuvo en cuenta la parte instrumental o experimental de la ciencia, que precisamente justificaba su postulada ruptura epistemológica entre la ciencia y el sentido común. Pero este pensamiento, que él denomina “fenomenotecnia”, va a desembocar entre los años 80 y 90 del siglo pasado en un movimiento que se ha venido a conocer en filosofía como “nuevo experimentalismo” —Ian Hacking lo impulsó activamente—, que nos dice que los instrumentos y la parte instrumental son determinantes en el mundo de la ciencia. Es precisamente este mundo instrumental el que a partir de finales del pasado milenio dejó de ser un medio de la ciencia para convertirse en un fin de la divulgación científica. Multitud de documentales, noticias y comentarios han convertido al instrumental en el foco de la divulgación, como sucede, por ejemplo, con los observatorios astronómicos, las imágenes nítidas del microcosmos, imágenes asombrosas de laboratorios en acción de búsqueda o constatación de nuevos avances, los detalles más íntimos de los formidables aceleradores de partículas, etc. El instrumento se ha divulgado. La afirmación de Bachelard en cuanto a que los fenómenos de los que se ocupa la ciencia los produce la misma ciencia mediante manipulación técnica, es tan cierto como que son precisamente algunas de estas técnicas las que han permitido instilar en el ciudadano de a pie el interés por la ciencia; ya no solo por la “venta” de los resultados obtenidos, de lo que he hablado anteriormente, sino por los medios utilizados para descubrirlos y constatarlos. La ruptura espistémica anunciada por Bachelard entre el mundo del sentido común y el mundo de la ciencia no ha hecho otra cosa que despertar el interés por los experimentos y por el instrumental utilizado. Por supuesto, esto se ha conseguido porque ha habido científicos y medios de comunicación —e intereses económicos— que han sabido unirse —en este caso sí— para poner la ciencia, en todo su proceso, al alcance del entendimiento del mortal más rudimentario.

RELACIÓN CIENCIA FILOSOFÍA
  La formación científica de los filósofos es, en términos generales, bastante escasa. Por regla general se piensa que existe cierto divorcio filosófico-científico. Pero, como indicaba el profesor Jesús Zamora[20] “la filosofía no es de letras”. Resulta evidente que si fuera puramente de letras, la facultad se denominaría ‘facultad de letras’ y no, como es habitual ‘facultad de filosofía y letras’. Eso demuestra que existe algo en la filosofía que no es puramente de letras. En el transcurso de la formación se imparte cierto tipo de conocimiento científico, sobre todo en las materias de “lógica” y de “filosofía de la ciencia”, pero no a un nivel que permita hablar el mismo idioma que la comunidad científica. No se trata solamente de que, así como los científicos disponen de un lenguaje y un gran cuerpo de técnicas en común, el filósofo disponga también de su propio corpus,[21] sino que ambos estén en condiciones de hablar un mismo lenguaje o lo más aproximado posible. Como afirma Carnap, “todos los problemas filosóficos son cuestiones de sintaxis del lenguaje de la ciencia[22]”, por lo que si los filósofos intentaran comprender y manejar con más fluidez el lenguaje científico, tanto el formal como el material, la interrelación entre filosofía y ciencia resultaría mucho más próxima y provechosa. Para lograrlo quizás fuera necesario programar en filosofía conocimientos matemáticos o físicos, quizá a nivel básico, pero que dejara a nuestro cerebro en condiciones de procesar correctamente las interacciones científico-filosóficas.  A la ciencia le ocurre algo parecido. La ciencia se especializa  y a los científicos no les resulta necesario saber de otras disciplinas. La sociedad dispensa a los científicos de saber otras cosas, pero no debería dispensarles del conocimiento interdisciplinario. La ciencia es imprescindible (el hombre es solamente física y química[23]), pero se necesita una ciencia civilizada al servicio del ser humano (la ciencia no tiene nada que decir del bien y del mal[24]), por lo que también la filosofía es más necesaria que nunca. De lo cual se desprende que el entendimiento entre una y otra disciplina es, ahora más que nunca, indispensable.




Nicolau Ballester
Palma, desembre 2016




[1] Noticia publicada en LA VANGUARDIA, sección: VIDA. 23-09-2016.
http://www.lavanguardia.com/vida/20160923/41518998920/terapia-celular-hospital-madrid.html
[2] Liderada por el neurocirujano Jesús Vaquero del hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, de Madrid.
[3] Cytotherapy, Volumen 18, número 8, de agosto de 2016, páginas 1025 a 1036
[4] Cytotherapy, Volumen 18, número 8, de agosto de 2016, páginas 1025 a 1036
[5] Karl Popper. Método científico. Lectura programada para el curso 2016-2017.
[6] Lakatos, 1978, p. 96. Sir Karl Popper: conjeturas y refutaciones. ITAM Estudios de filosofía, 1985.
http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/estudio02/sec_9.html
[7] Popper: El problema de la demarcación (1974). Lectura programada para el curso 2016-2017.
[8]Cytotherapy, Volumen 18, número 8, de agosto de 2016, páginas 1025 a 1036
[9] Larry Laudan. El desarrollo y la resolución de las crisis epistemológicas. Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional autónoma de México. Lectura programada para el curso 2016-2017.
[10] Pilar Quijada. Logran que un mono camine después de una lesión medular. ABC Ciencia de 9/11/2016
[11] El cambio espistémico no es producto de una crisis epistemológica, dado que no ha existido ningún fracaso en el motor epistemológico, aunque exista una búsqueda continuada de nuevos principios epistemológicos y se haya producido un cabio en el fin de una y otra práctica.
[12] Artículo “Comunicación y divulgación, un exigente test de la polivalencia del científico”. eldiario.es, Ciencia Crítica, 20/10/2016. En él se describen hasta diecisiete 17 actividades habituales de un científico,  que dejan muy poco margen para una adecuada labor de divulgación.
http://www.eldiario.es/cienciacritica/Comunicacion_cientifica-divulgacion- cientifico_6_571902806.html
[13] Artículo ¿Podrías enamorarte de un gusano? eldiario.es. Ciencia Crítica, 27-10-2016.
http://www.eldiario.es/cienciacritica/divulgacion_cientifica-comunicacion_cientifica-ecologia_del_movimiento -enamorarse_de_la_ciencia_6_574002624.html
[14] Fijémonos en la diferencia entre el titular de la noticia, “Una terapia celular logra que lesionados medulares recuperen su función motora” y el título en la publicación científica “Una aproximación a la terapia celular personalizada en paraplejia completa crónica: La fase de Puerta de Hierro I de ensayos clínicos / II”. Como se puede observar, el titular de la noticia es mucho más inteligible y atractivo.
[15] Ibíd.
[16] Ibíd.
[17] Artículo “Divulgar la ciencia para acercarla a la sociedad”. el diario.es, Ciencia Crítica, 4/11/16.
http://www.eldiario.es/cienciacritica/Divulgar-Investigacion-acercar_la_ciencia_a_la_sociedad-aranas_6_576452356.html
[18] Ibíd.
[19] Toda  la información que se expone a continuación sobre Bachelard está basada en las notas tomadas de las explicaciones del profesor J. L. Luján en la clase de Filosofía de la Ciencia I, en la UIB, de fecha de 16/11/16.
[20] Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED.
[21] J. J. C. Smart. Ascensos y descensos semánticos. Lectura programada para el curso 2016-2017.
[22] R. Carnap. Sobre el carácter de los problemas filosóficos. Lectura programada para el curso 2016-2017.
[23] A hombros de gigantes. Programa de divulgación científica de RNE, 20/01/2012
[24] Ibíd.

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